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Las relaciones de amistad

Cuando la sabiduría de la transitoriedad se aplica a la amistad nos ayuda a disminuir la tendencia al apego. Casi toda la gente se comporta amablemente con los demás para recibir algo a cambio. Uno ofrece amor porque le devolverán apoyo, afecto o consuelo: tratamos correctamente a los demás para asegurarnos su aceptación.

 

Pero ante el desacuerdo más insignificante también la amistad puede convertirse repentinamente en desconfianza, o echarse a perder de la noche a la mañana por un simple malentendido. La mayoría niega obedecer a esta naturaleza inconstante y se cree digna de confianza, pero a simple vista la filosofía budista nos ofrece un diagnóstico bastante más objetivo: “Los que son amigos por la mañana con facilidad se vuelven enemigos por la tarde”. Esto sucede porque la mayor parte de nuestras amistades se basan en las necesidades personales, y no en la verdadera preocupación por el otro.

 

Pensemos en un ejemplo práctico, donde recibimos la crítica de un amigo; Una reacción lógica e inmediata sería ponernos a la defensiva y pedir una explicación, o mostrarnos ofendidos y devolver la supuesta ofensa…

 

En cambio, una persona sabia se tomará su tiempo para responder, reflexionará sobre las críticas y las razones que las originaron. Si la crítica tiene sentido, se esforzará por mejorar ese aspecto negativo; en caso contrario, su reacción será prudente y compasiva. La persona sabia es consciente de que a veces nuestra visión de la vida carece de objetividad y que, a menudo, la gente se aferra a una opinión errónea y en consecuencia puede llegar a decir cosas terribles. La mayoría se limita a defenderse o reaccionar con ánimo revanchista. La gente inconsciente tiene reacciones predecibles.

 

La base que sostiene la amistad suele ser débil; incluso si logra aclararse el malentendido, es posible que en lo sucesivo la relación esté manchada de desconfianza: todas estas reacciones tienen su origen en el apego.

 

La transitoriedad ayuda a reconocer los límites entre el propio ser y el de los demás. Al apego le gusta ver a las personas como posesiones. Si nuestros amigos actúan de acuerdo con lo que esperamos de ellos, entonces estaremos contentos, pero si no lo hacen experimentaremos enojo, celos o resentimiento. Ésta es la consecuencia kármica del apego.

 

Queremos que nuestras relaciones sean buenas y duren para siempre. Todos deseamos idílicas, pero la vida real no es un cuento de hadas. Las relaciones necesitan empatía y dedicación. La sabiduría de la transitoriedad nos recuerda que siempre recibimos lo que hemos dado.

 

Dentro de la astrología, las relaciones se vinculan con los hemisferios superiores de la carta natal, principalmente con las casas séptima y octava. El trabajo de Saturno consistirá en gestionar la inseguridad y el apego a la permanencia, reaccionar con calma, ser prácticos, confiables y realistas.

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