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Año 2016

¡Cómo pasa el tiempo! Recuerdo que algunos amigos me decían hace mucho frases como: “Fernan, sal de tu cueva. Están ocurriendo cosas interesantes ahí fuera, se están creando muchos proyectos y grupos de trabajo. Si no quieres quedarte atrás, deberías prestar atención a nuevas fuentes de conocimiento que te permitan seguir creciendo espiritualmente”.

 

Cuando por fin decidí hacer caso a mis amigos, no fue exactamente como había imaginado: mi salida de la cueva coincidió con el famoso año 2012, aquel donde —según todo tipo de dudosas profecías— tendría lugar el final de una era y el inicio de un nuevo tiempo donde todo parecía idílico. Se encontraría remedio para las enfermedades más serias, seríamos más inteligentes, el cuerpo físico prácticamente dejaría de tener importancia… En definitiva, que el progreso de nuestra civilización y su avance espiritual serían a partir de entonces enormes.

 

Jamás había visto tal cantidad de vendedores de humo. Como en la película La Vida de Brian, donde una absurda multitud de futurólogos, videntes y falsos profetas predicaban en las murallas de la ciudad santa. Dos mil años después de los hechos que parodiaban los Monty Python, todo parece indicar que los guionistas se quedaron cortos al describir esa escena.

 

Por normal general, intento que las reflexiones que comparto a través de mi blog y mi perfil en redes sociales sean lo bastante breves para evitar aburrir a las personas que me siguen con mayor o menor interés. Pero sigo teniendo la sensación de que preferimos optar por atajos espirituales, priorizando el cumplimiento de nuestros deseos por encima del compromiso individual. Nos puede la comodidad.

 

De este modo, confiamos en que el universo nos bañe de luz, armonía, beatitud, inteligencia, belleza, equilibrio, paz… antes que intervenir activamente en nuestro proceso de iluminación mediante una actitud comprometida de introspección y autoconocimiento. Se nos alerta cada día ante los cambios que se aproximan. Quien más y quien menos está deseando que ocurran tales cambios, mientras no se nos exija a cambio el menor esfuerzo. Tal vez hayamos dejado de vernos como seres únicos, y estamos más pendientes de lo que ocurra fuera, ajeno a nuestro compromiso personal.

 

El 2012 con sus inquietantes transformaciones energéticas, el cambio de ADN, el chamán de turno y sus limpiezas de aura, la técnica depurativa X, los registros de memoria ancestral para saber quién fui… a pesar de ignorar completamente quién soy ahora. Paradójico, ¿no?

 

En definitiva, creo que los cambios reales y profundos —el remedio eficaz contra la enfermedad, la mala política, la guerra, la desidia, el materialismo, la envidia, el horror terrorista, el hambre y la ceguera espiritual— sólo pueden llevarse a cabo con un trabajo personal, individual y colectivo que nos haga conscientes a cada uno del lugar que ocupamos en el mundo que habitamos.

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