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La mentira que vivimos

Las épocas de recesión —ya sea personal, económica o social— son una buena ocasión para detectar los fallos estructurales que nos afectan. Tal vez ése sea uno de los motivos por el que los japoneses representan el concepto de “crisis” con un signo que también significa “oportunidad”. 🙂

 

Para algunos, cuestionarse lo que habíamos dado por supuesto es poco menos que un rasgo anti-sistema o revolucionario. Aspirar a un modelo de sociedad más justo y humano, propio de ingenuos e idealistas; no hay nada peor que ser un soñador en un mundo —enfermo de cinismo y conformismo— que pretende convencernos de que ”un optimista sólo es un pesimista desinformado”.

 

Al fin y al cabo, el progreso ha conseguido alargar nuestras vidas, nos ha traído ocio y comfort, pero, ¿ha mejorado nuestra existencia? ¿Cómo no cuestionarse lo que nos rodea cuando cada día el mundo deja al descubierto su rostro lleno de cicatrices? Es casi imposible permanecer ajeno al absurdo y las injusticias de una sociedad y un sistema diseñados por los poderosos para perpetuar sus privilegios. Cuando caemos en la cuenta de cuántas mentiras hemos tomado por dogmas nos sentimos utilizados, traicionados, abatidos… y sobre todo muy, muy pequeños. Porque, ¿qué podemos hacer nosotros para cambiar todo aquello que nos daña u ofende de esta sociedad?

 

Cuestionarse las cosas es algo tan humano como el miedo o la alegría. No es un rasgo de debilidad. Como suele decirse, “no todo el que duda está perdido”. Dudar es siempre el primer paso de un proceso de aprendizaje personal. ¿Estoy contento con mi vida? ¿Qué puedo hacer para mejorarla? Simplemente, escribir cada uno nuestra historia, a nuestra manera. Éste es un buen momento para comenzar.

 

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